ALCAZABA BADAJOZ CAROLUS V EMPEROR

Ruta de Isabel de Portugal 2 (Badajoz-Almendralejo)

Segunda parte de la ruta recorrida por la futura Emperatriz desde su Lisboa natal para conocer y casarse con Carlos de Hagsburgo.

En el alma del viajero sigue agarrada la de Portugal, y teme que así seguirá, prendida, hasta el final de la ruta. Ahora le lleva por tierras pacenses con final en Almendralejo.

Elvas en el horizonte. Se gira el viajero para retener su silueta, sus campos, sus colores, en la mirada antes de tomar el camino de Badajoz, que está a dos pasos de distancia. Y no exagera. Uno y dos. Y pronto se planta en la capital pacense, que lo recibe con calor. El mismo, supone, que atrajo al muladí emeritense Ibn Marwan al-Chilliqui para fundar la que fue conocida como Batalyaus o Batalyaws.

Y en ello se pone, a recorrer su parte más antigua, la Alcazaba, donde descuella la Torre de la Atalaya que por aquí conocen como la de Espantaperros, y que recuerda a la Torre del Oro de Sevilla.

—¿Usted cree que se le parece? —pregunta al viajero un lugareño que le vio recreándose en la contemplación de la susodicha.

—Pues sí que se le parece…

—¡Y está recién restaurada!

—Está muy bien, sí.

El paseo del viajero por la Alcazaba de Badajoz es una delicia. Sus puertas —maravillosas las del Capitel y la del Alpéndiz— las atraviesa una y otra vez, se deja caer hasta el Palacio de los Condes de la Roca, se empapa de una esencia que le invita a sentarse para contemplar lo que le rodea, que es bello hasta decir basta.

—Dese una vuelta por la parte alta de BadaJoz. Seguro que le gusta también.

Eso le recomiendan. Y a ello va. Y la disfruta. No tanto como la Alcazaba, pues el viajero siempre fue de lo antiguo, pero le gusta lo que ve, lo que siente, lo que oye, lo que huele.

—¿Y para ir a Talavera la Real? —pregunta al camarero de la terraza donde se sentó para tomar un tentempié.

—¿Y a que se va hasta allí, si se puede saber?

—A verla y a recorrerla.

—¡Hay gente ‘pa tó’!

Talavera la Real, donde Leonor pasó a mejor vida

Y sin entender el comentario del camarero, que hizo torciendo el gesto, el viajero se encamina hacia Talavera la Real. Poco debe de saber, en opinión del viajero, cuando aquí pasó a mejor vida Leonor, la hermana del Emperador, enferma y dolida por el trato recibido de su hija María, con la que se reunió en Badajoz; y cuando aquí ha habido batallas paras todos los gustos y de todos los colores. Puede que sea ya demasiado moderna, pero merece la pena dejarse caer por aquí sólo por ver su Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, originaria del siglo XV y posteriormente remozada, o el convento de las carmelitas descalzas, cuya iglesia tampoco desmerece una visita.

Guadalcanal, un cielo por admirar

El viajero echa un vistazo a su reloj y decide proseguir la ruta, aún es pronto. La siguiente parada es Guadalcanal, y para ello virará hacia Sevilla, hacia su sierra norte, para después regresar a Extremadura y acabar este tramo de ruta en Almendralejo. Y lo que ve le encanta. Porque Guadalcanal es un remanso de paz, la puerta de entrada y de salida entre Extremadura y Andalucía con un patrimonio cultural y monumental digno de alabar.

—¿Le gusta?

—¡Mucho!

—¡Pues con calma!

—Oiga, ¿y para comer?

—¡’Tó’ tieso!

Y lo tieso le llena. Porque aquí saben hacer maravillas con las carnes del cerdo ibérico de bellota, con las setas, con la caza…

—¿Le has gustado? —le pregunta la camarera eficiente que le atendió.

—¡Mucho!

—Dese ahora una vuelta por el pueblo. Le va a gustar.

Para empezar, Guadalcanal se encuentra dentro del Parque Natural Sierra Norte, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Su centro histórico es digno de admiración. La Iglesia de Santa Ana, la de Santa María de la Asunción, la Ermita de San Benito, el Castillo de Monforte, el de la Ventosilla, La Almona —fechado en 1307, el edificio más antiguo de la provincia de Sevilla—…

—¿Se va quedar esta noche? —le preguntan cuando le ven hojear un folleto turístico.

—Me gustaría llegarme hasta Almendralejo…

—Déjelo para mañana, si no corre prisa.

—¿Pues qué me recomienda?

Y lo que le cuentan, le maravilla. Porque aquí las estrellas se ven como en pocos lugares. No en vano —le aseguran—, Guadalcanal está certificado como Municipio Starlight, que acredita la calidad del cielo nocturno y su idoneidad para la observación de las estrellas con las mejores condiciones. Demasiada tentación, pero no quiere retrasar el plan previsto, así que se lo apunta para, una vez acabada la ruta, regresar a Guadalcanal.

Almendralejo, la cuna del Romanticismo español

Así que, camino a Almendralejo. La capital del Romanticismo español, por ser cuna de José Espronceda y de Carolina Coronado, huele a aceite y a vino. Calles de fachadas bancas a las que dan bodegas, aceituneras e industrias de licores —el rey, el de bellota—, Almendralejo tiene mucho más de lo que parece enseñar. Su Plaza del Mercado, de estilo neomudéjar, el palacio de los Marqueses de La Colonia, hoy convertido en colegio, la fachada neoclásica del Palacio de Justicia…

Comienza a atardecer. El viajero buscará un lugar para descansar antes de afrontar la siguiente ruta de la ruta, que le llevará a Sevilla. Levanta la cabeza buscando el cielo y se acuerda de lo que le dijeron en Guadalcanal. Volverá. Lo tiene claro.

 

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