El último viaje del emperador Carlos V

El próximo 1 de febrero se celebra la edición XXI de la Ruta del Emperador, que recuerda el traslado su traslado desde Jarandilla de la Vera hasta el Monasterio de Yuste

Apenas dos leguas de distancia separan el castillo de los condes de Oropesa —actual parador nacional de turismo de Jarandilla de la Vera— del Monasterio de Yuste. Poco más de diez kilómetros. Ahora, pero aquel 3 de febrero de 1557 esas leguas se le hicieron eternas al emperador Carlos V.

El 1 de febrero La Vera, en general, y tres de sus localidades en particular —Jarandilla de la Vera, Aldeanueva de la Vera y Cuacos de Yuste— acogerán a los miles de caminantes que participarán en una Ruta del Emperador que este año cumple su XXIª edición; ruta que recuerda la emprendida por el propio Carlos V el 3 de febrero de 1557 para trasladarse desde la que había sido su residencia provisional en Jarandilla de la Vera mientras se acondicionaba la definitiva junto al Monasterio de Yuste.

El último viaje

Ya hemos contado en alguna que otra ocasión que el emperador no se trasladó a su residencia definitiva hasta que estuvieran satisfechas las deudas pendientes con los servidores que le acompañaron hasta Jarandilla de la Vera; con harta fatiga para, entre otros, su mayordomo, Luis Méndez de Quijada, para reunir la cantidad necesaria para pagar a unos y a otros antes de emprender el viaje definitivo. Allí quedaron, resaltan las crónicas, casi un centenar de servidores flamencos, que regresaron a Flandes de manera definitiva. Entre ellos, tres nobles que le habían acompañado para la ocasión: La Chaulx, Roeulx y Hubermont.

Fue aquélla una despedida cargada de emoción, pues como recordaría el mismo Méndez de Quijada, “es lástima ver partir una compañía después de tantos años”.  Y no menos emotiva fue la marcha de la escolta de los 99 alabarderos que hasta allí habían acompañado al emperador. Al ser licenciados, arrojaron sus alabardas al suelo en señal de que ya no servirían a ningún otro señor.

Eran las tres de la tarde cuando el cortejo del emperador abandonó el castillo de los condes de Oropesa de Jarandilla de la Vera. Por delante, dos leguas, como decimos, que Carlos V recorrió en litera acompañado de un cortejo compuesto por cerca de 50 personas.

Cerca de dos horas de camino, en total, para escuchar a eso de las cinco de la tarde el repiqueteo de campanas del Monasterio de Yuste en señal de bienvenida. Y ante la puerta de la iglesia abierta, esperándole, el padre prior del monasterio y toda la comunidad jerónima.

Fue el 3 de febrero de 1557.

Y este sábado, 1 de febrero de 2020, conmemoramos la efeméride con la XXIª edición de la Ruta del Emperador.

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