La pasión por los relojes del emperador Carlos V

Aparte de la comida, otra de las grandes pasiones del emperador fueron los relojes, afición que cultivó durante su estancia en Yuste

Carlos V sentía pasión por bastantes cosas, y algunas de ellas se las llevó consigo hasta su retiro en el Monasterio de Yuste, como la comida o la lectura. De otra de ellas, los relojes, es de lo que hablaremos en este artículo.

Y mucha era su pasión. No sólo por la presencia de Juanelo Turriano, al que se puede considerar una de las figuras claves del desarrollo tecnológico español del siglo XVI. También por la de su ayudante, probablemente otro italiano de nombre Jorge de Diana —«mozo de Juanelo, mi relojero», como se refería a él el emperador—; y por la de otro relojero flamenco, Jean Balin.

Así, cada mañana, nada más levantarse, el emperador solía llamar a Turriano para que diera cuerda a sus relojes. Acción que no hacía una única vez al día, sino que solía repetirse a lo largo de la jornada dada la querencia del emperador por esa manera de medir el tiempo, y que le recordaba que éste pasaba rápido, de manera inexorable.

Una afición por los relojes que ya le venía de lejos. No en vano, el emperador conoció a Turriano tras conseguir reparar el Astrarium, el antiguo reloj de Giovanni Dondi dell’Orologio, un complejo reloj astronómico construido en Padua entre 1348 y 1364. Dicho artilugio tenía siete caras y 107 partes móviles, de tal manera que mostraba las posiciones del sol, de la luna y de los cinco planetas conocidos hasta entonces, así como también los días religiosos; reloj que el emperador había recibido como obsequio durante su coronación. Fruto de esa admiración por el relojero italiano llegó el encargo que le hizo: la creación de un reloj —llamado Cristalino— que, además de ser tal, también contaba con un planetario y daba las horas solares y lunares, entre otras características. Tan complejo era su mecanismo que, a modo de curiosidad, décadas después fue desmontado para examinar su mecanismo y nunca más se pudo volver a montar.

Astrarium.

Fuente: Carlos V, el César y el hombre & Mundoextrano.net

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