El reencuentro de la reina Juana con sus hijos

Ocurrió en el primer viaje del futuro rey a España, en 1517

El futuro emperador Carlos V llego a España por primera vez en 1517 para reclamar sus derechos como rey de Castilla. En ese viaje, tanto él como su hermana Leonor se reencontraron con su madre Juana. ¿Cómo fue ese reencuentro? Lo contamos a continuación.

Carlos tenía como destino Valladolid en su primer viaje a España, pero una de las paradas obligatorias en el camino era Tordesillas, donde vivía —y penaba su tristeza de vida— su madre, la reina Juana.

Tordesillas

En ese viaje inicial le acompañaba su hermana Leonor, y ambos lo hacían con grandes ganas de ver a su madre. Sin embargo, otro de los miembros de la comitiva, Guillermo de Croy, señor de Chièvres, tenía otros planes. Y estos eran presentarle sus respetos a la que todavía era reina para agradar a los castellanos; y también inclinarla en favor de su hijo Carlos. No en vano, se conocían desde la estancia de Juana en Bruselas, lo que Chièvres utilizó en favor de sus intereses para que Carlos tuviera el camino libre al trono y revestido de toda la legitimidad posible. Su objetivo era claro: que Juana delegara en Carlos.

Fue él quien le informó de que sus hijos Carlos y Leonor habían venido a verla. Habían pasado ya once años desde la última vez que eso ocurrió; y de los que apenas se acordaba teniendo como tenía a su lado a otra de sus hijas, Catalina.

¿Qué pasó?

Once años habían pasado desde la última vez que se vieron, volvemos a recordar. Carlos comenzó a alabar el bues estado físico de su madre —contaba con 37 años en ese momento—, así como su salud… Pero Juana no veía en ellos al niño —tres años— y a la niña —un año— que dejó en Bruselas para regresar a Castilla.

Durante una semana, madre e hijos tuvieron tiempo para ponerse al día; y asimismo para que Carlos y Leonor decidieran qué hacer con Catalina, la menor, siempre al lado de su madre y vestida de tal manera que aparentaba cualquier cosa menos que fuera la nieta de los Reyes Católicos.

Y fue allí, en el Monasterio de Santa Clara de Valladolid, donde tanto Chièvres como Carlos recibieron la noticia de la muerte del cardenal Cisneros, gobernador del Reino de Castilla. Ya tenía vía libre para acceder a la corona del Reino, de lo que se encargaría Chièvres.

Cuando Carlos abandonó Tordesillas, lo hizo sabiendo que era el nuevo rey de Castilla.

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