La otra coronación del emperador Carlos V

Además de la de Aquisgrán, Carlos V también fue coronado en Bolonia en 1530, corona que le ciñó el Papa Clemente VIII

El emperador Carlos V fue coronado emperador por el Papa Clemente VIII en una fecha significativa: el 24 de febrero —fecha de su nacimiento— de 1530. Una coronación que también merece la pena recordar.

Carlos V fue coronado emperador por el Papa Clemente VII en 1530. En concreto, el día 24 de febrero, el día de su cumpleaños. Una coronación que llegó después de pasar el emperador una temporada en Italia, tiempo en el que fue coronado con la corona de hierro de Lombardía. Pero la que deseaba era la corona imperial ceñida por su Santidad.

Y eso tuvo lugar el 24 de febrero de 1530.

Bolonia.

Días previos a la coronación, Clemente VII ordenó que el emperador se alojara en el palacio del Podestà, al costado de la iglesia de San Petronio, en la plaza del mismo nombre. Tan bien comunicados estaban ambos que, incluso, contaban con una comunicación directa entre ambos aposentos para que pudieran hablar de los muchos asuntos que tenían pendientes. Cosa que hicieron hasta que llegó el gran día.

Ese día, ese 24 de febrero de 1530,  soldados españoles de los Tercios Viejos y los lansquenetes alemanes se encargaron del orden en aquella plaza y de que nada ocurriera en ella. Y los primeros en entrar en ella fueron su Santidad y séquito, o sea, compuesto por el Colegio Cardenalicio y numerosos obispos. Después lo hizo el emperador —tras realizar una encendida defensa de la fe católica y de la Iglesia de Roma— entre dos cardenales y seguido de los mejores representantes de la nobleza española y flamenca.

Por cierto, que cada uno de aquellos desfiles glamurosos pasaron por un puente de madera adornado de flores y tapices que unía el palacio con la iglesia. Como anécdota, el puente cedió ante el empuje del gentío reunido en la plaza una vez cruzó el emperador por él. Por suerte, no hubo que lamentar muertos.

En cuanto a la ceremonia en sí, el cardenal Farnesio le ungió con el óleo consagrado, y a continuación recibió los símbolos de su poder de manos de Su Santidad: la espada, el globo, el cetro y la corona imperial. El gentío que rebosaba la plaza acompañó el sonar de trompetas y las salvas de cañones con el grito de «¡Imperio, imperio!», mientras que los españoles presentes les replicaron «¡España, España!».

A continuación, se desarrolló una cabalgata que Hoghenberg dejó plasmada en sus impresionantes grabados en los que se puede ver a Clemente VIII y al emperador Carlos V tan amigos como si nunca hubiera pasado nada entre ellos. Todo ello entre tambores y trompetas.

En consecuencia, un gran día para el emperador Carlos V.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s