Monasterio de Yuste Red de Rutas Imperiales

¿Quién fue la única mujer a la que recibió Carlos V en el Monasterio de Yuste?

A excepción de sus hermanas Leonor y María, fue Magdalena de Ulloa, la esposa de Luis Méndez de Quijada

Durante su estancia en el Monasterio de Yuste, el emperador Carlos V recibió la visita de distintas personalidades. Mujeres, pocas. Dos: sus hermanas Leonor y María; y una tercera: Magdalena de Ulloa, la esposa de Luis Méndez de Quijada.

“Recibió el emperador a Doña Magdalena con todo favor”, como escribió a Juan Vázquez de Molina, el secretario del emperador en Valladolid, quien cumplía esas labores en el Monasterio de Yuste, Martín de Gaztelu.

Magdalena de Ulloa fue la esposa de Luis Méndez de Quijada, la persona encargada de la casa y del cuidado del emperador durante su estancia en Yuste. Hija de los señores de La Mota, San Cebrián de Mazote y condes de Luna, gracias a la confianza que mostraba el emperador Carlos V hacia ella y su esposo, Luis Méndez de Quijada, les encomendó en 1554 el cuidado de su hijo ilegítimo, entonces conocido como “Jeromín” y, posteriormente, como Juan de Austria.

Monasterio de Yuste.

Además, se da la circunstancia de que tanto ella como su marido fueron las personas que desvelaron al hijo natural del emperador, Felipe II, la verdadera identidad del niño al que ambos habían criado.

Por cierto: la relación entre Magdalena de Ulloa y “Jeromín” nunca desapareció. Tanto es así, que Magdalena de Ulloa tuvo que acoger a la hija que nació de la relación entre Juan de Austria y una dama de la princesa de Éboli, llamada María de Mendoza. Magdalena la recibió desde 1567 en Villagarcía de Campos y allí permaneció siete años, de donde salió hacia el convento de las Agustinas de Madrigal. Después, se convirtió en abadesa de Las Huelgas Reales de Burgos una vez que Felipe II la reconoció como su sobrina.

Pues a esa mujer, a Magdalena de Ulloa, fue a la única que el emperador Carlos V —a excepción de sus hermanas— recibió en el Monasterio de Yuste. Lo hizo el día que llevó consigo a “Jeromín» para que conociera a su padre.

Cuenta el Padre Alboraya en su “Historia del Monasterio de Yuste”, que el emperador “incorporóse en su sillón para recibirla cuando le permitieron sus rodillas hinchadas, y se quitó ante ella su toca de tafetán ligero. Dióle á besar su mano, y con gracia y galantería digna de sus juveniles años, pidió licencia á Quijada para besar él la suya a la adama. Mandó darla junto á sí un sillón de brazos, cual si fuese una princesa de la sangre, y mandó también descorrer las cortinas y abrir las ventanas”.

FUENTE: Real Academia de la Historia y fuentes propias

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