El día que Hans Christian Andersen estuvo a punto de morir en Burgos

El inmortal autor danés estuvo a punto de perder la vida en aquella ciudad por culpa de un brasero

Hans Christian Andersen, el inmortal autor de cuentos El patito feo o La Sirenita, entre otros, viajó a España en 1862, que recorrió de arriba abajo. En su visita a Burgos para conocer la tumba de El Cid, casi muere asfixiado por culpa de un brasero.

Se cuenta que Hans Christian Andersen tomó contacto con los españoles por primera vez en 1808. En aquella ocasión, el rey Carlos IV envió a Odense (Dinamarca), su ciudad de nacimiento, a miles de soldados para ayudar a sus todavía por entonces aliados franceses.

La visión de aquellos soldados se convirtió en una obsesión, pero tuvo que esperar hasta 1862 para visitar España. Acompañado de Jonas Collin, hijo de su amigo Edward Collin, conoció Barcelona, Valencia, Murcia, Málaga, Granada, Madrid, Toledo… Y Burgos.

De todas aquellas ciudades se llevó un gran recuerdo, pero lo primero que le sorprendió fue entrar en Burgos en invierno y encontrarse una ciudad llena de nieve. Incluso llegó a escribir:

«La nieve caía formando pequeños montículos. Aquí veíase un viñedo, allá un pino solitario; pensaba sin duda como yo: «¿Estoy realmente en España, en un país cálido?»».

Ese fue el motivo de que se quedara sin ver la tumba de El Cid, en el interior de la catedral. Pero lo que estuvo a punto de costarle la vida a él y a su acompañante fue alojarse en una pensión, la Fonda de Rafaela, por entonces la mejor de la ciudad. Al no haber chimenea en la habitación, les trajeron un brasero para calentarse los pies y las manos. Y entonces…

«Mi compañero y yo estuvimos a punto de sacar un billete para la eternidad; casi morimos atufados. Me desperté sintiendo opresión en el corazón y dolor de cabeza; llamé a Collin, pero él estaba todavía más mareado, me costó grandes esfuerzos salir de la cama y, dando tumbos como un borracho, alcancé el balcón mas las hojas de la puerta se habían pegado; sentí una gran angustia y pesadez, hice acopio de fuerzas y, finalmente, pude abrir; la nieve se coló volando».

Fuente: Onda Cero y Cervantes Virtual

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