Carlos V y Tiziano

Fueron numerosas las ocasiones en que Tiziano retrató al emperador Carlos V. La última, en 1554

Tras conocerse en 1530, con motivo de la coronación como emperador de Carlos V, se estableció entre ambos una relación cuyo resultado es una serie de cuadros que resumen la vida del mismo emperador.

1530. Bolonia. Carlos V fue coronado emperador por su santidad Clemente VII. La ocasión fue aprovechada por el emperador para conocer a uno de los pintores más afamados de la época y con el que terminaría forjando una gran relación. Se trataba de Tiziano Vecellio di Gregorio, más conocido por el nombre artístico de Tiziano.

En aquel momento, Tiziano era un pintor conocido y frecuentado por las principales familias italianas además de íntimo amigo del antiguo embajador de Carlos V, Girolamo Adorno. Un artista al que el emperador deseaba conocer por encima de todas las cosas. Ansiaba un retrato suyo.

Por entonces, Tiziano era un artista que despertaba tantos elogios como críticas, pues sus cuadros —en especial sus pinceladas ágiles y violentas— no gustaban a todo el mundo. Hubo que esperar hasta 1530 para que el genial pintor italiano inmortalizara por primera vez al emperador. De esa obra sólo queda el recuerdo de la copia de Rubens, pues el original, como tantas otras, se perdió en el incendio del Alcázar de Madrid ocurrido en 1734.

Después, ambos volvieron a coincidir en 1533, cuando Tiziano retrató al emperador con un perro basándose en el retrato de Jacob Seisenegger, un monarca vestido de cortesano acaricia a un perro, símbolo de la fidelidad y protección del emperador ante su pueblo.

En 1548, para conmemorar la victoria en la batalla de Mühlberg, Tiziano retrató al emperador a caballo. Habían pasado quince años después del primer encuentro entre ambos, y la imagen del emperador había cambiado tanto como su situación política al frente del Imperio Sacro Romano Germánico.

Poco después, volvería a retratar al emperador, en este caso en compañía de su mujer, la ya desaparecida Isabel de Portugal, en la que Tiziano le desviste de cualquier ropaje militar o de atuendos de lujo para presentarlo como un hombre cansado de gobernar tras más de treinta años en el poder y con ganas de retirarse del mundo para poner su alma en paz con Dios.

También hay que decir que Tiziano realizaría un retrato de la emperatriz Isabel que le hizo llegar María, la hermana del emperador. Este retrato le desagradó por considerar que no se parecía en nada su esposa fallecida, por lo que Tiziano lo retocó cuando el emperador se lo llevó consigo a las campañas alemanas.

En 1554, Tiziano finalizó la última de las obras que pintó para el emperador Carlos V: La gloria, cuyo motivo es el Juicio Final. El emperador sólo lo disfrutó cuatro años, pues falleció la noche del 21 de septiembre de 1558. En el cuadro aparecen las personas más importantes de su vida: su esposa Isabel, a su derecha; y sus hijos, Felipe y Juana, detrás. También aparecen sus hermanas María de Austria, reina consorte de Hungría, y Leonor, reina de Francia y Portugal. No así su hermano Fernando ni su sobrino Maximiliano, enfrentados por la sucesión imperial.

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