La historia de Juana, hija del emperador Carlos V

La hija pequeña del emperador Carlos V acabó sus días como miembro secreto de la orden jesuita

La corta vida de Juana de Austria es de película. Casada joven por intereses políticos de su padre, tuvo que abandonar a su hijo recién nacido en Portugal y aguantar los reproches de su padre desde Yuste. Murió con apenas treinta y ocho años lamentando haber abandonado a su hijo Sebastián, casi un recién nacido.

Inteligente, de gran belleza y una entereza infinita, además de poseer un carácter férreo. Esa era Juana de Austria, la hermana pequeña de Felipe II, nacida en Madrid en junio de 1535.

Con apenas dieciséis años contrajo matrimonio con su primero hermano Juan Manuel dado el deseo de su padre, el emperador Carlos V, de reforzar los lazos que le unían con la Casa de Avis. A largo plazo el objetivo no era otro que unir ambas coronas en una única persona, como así acabó ocurriendo en la persona de Felipe II.

Juana de Austria pintada por Sofonisba Anguissola.

Si de algo carecía Juan Manuel era de buena salud. Apenas pudieron disfrutar del matrimonio, pues falleció en 1554 a causa de una diabetes juvenil, algo que se le ocultó a su esposa; dolencia que se le comunicó una vez dio a luz a un niño, el futuro Sebastián I.

La muerte de su esposo la hizo enloquecer. Verse en un país que no era el suyo y rodeado de una corte sin aliados le llevó a aceptar la oferta de su hermano para ocuparse de la regencia de los reinos españoles mientras él viajaba al norte de Europa. No obstante, tuvo que dejar a su hijo en Portugal.

Como gobernadora tuvo que aguantar diversos reproches de su padre, Carlos V, inherentes al cargo que ocupaba. Una vez cumplido su cometido, y a pesar de que sopesó tomar votos como franciscana, hizo realidad su deseo de convertirse en miembro de la Compañía de Jesús. Pero las reglas escritas por San Ignacio de Loyola apartaban a las mujeres de la orden. Gracias a la mediación de Francisco de Borja consiguió formular sus votos en secreto bajo seudónimo.

Falleció en 1573 con apenas treinta y ocho años por un cáncer de útero lamentándose por haber dejado a su hijo Sebastián, apenas un bebé, para atender los requerimientos de su hermano Felipe.

FUENTE: Hoy de Extremadura

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